Sin Redundar.

Por Carlos Avendaño.

Martha Elena Reyes Zazueta, presidenta de COPARMEX Sinaloa, hizo algo que al poder le incomoda profundamente: decir en voz alta lo que la calle ya grita. Puso el dedo en la llaga y dejó en evidencia el enorme boquete entre el discurso oficial y la experiencia cotidiana de los ciudadanos. Porque una cosa, son los “avances” en PowerPoint y otra muy distinta es salir a la calle y contar los negocios cerrados, los empleos perdidos y el miedo normalizado. Mientras el gobierno reparte números alegres como si fueran volantes de campaña, la realidad devuelve cifras de homicidios, de desapariciones y una economía que no crece, sino que se encoge. Y no hay maquillaje estadístico que alcance cuando la violencia es visible y la persiana del comercio baja para no volver a subirse. La crítica a la simulación gubernamental no solo es válida: es urgente. Porque los datos duros no entienden de narrativa, ni de slogans, ni de optimismo forzado. Cuando el tejido económico se desmorona, la propaganda no genera confianza, solo irritación. La pregunta es inevitable y brutal: ¿De qué sirve una imagen promocional cuando el entorno real espanta inversiones, ahuyenta capitales y obliga a empresarios a operar en modo supervivencia? No hay atracción de inversiones sin seguridad. No hay crecimiento sin certidumbre. Y no hay desarrollo cuando el mensaje oficial vive en un país que no coincide con Sinaloa. Por eso, cuestionar al Consejo para el Desarrollo Económico de Sinaloa no es un capricho ni una provocación: es abrir un debate que lleva demasiado tiempo guardado bajo la alfombra. El mensaje de Reyes Zazueta fue duro, sí, e incómodo también. Pero conectó con el sentir social de unos sinaloenses que arrancan 2026 sin expectativas de crecimiento, solo con la esperanza de resistir. Y cuando el empresariado tradicionalmente institucional y prudente levanta la voz, es porque el hartazgo ya rebasó la cortesía. El verdadero reto no es confrontar al poder por deporte, sino construir una agenda compartida, pero, sobre todo, exigir resultados. Pero para eso hace falta algo que hoy escasea más que la inversión extranjera: voluntad política. Este pronunciamiento de COPARMEX Sinaloa no es una rabieta ni un posicionamiento aislado. Es el reflejo de un sector que apostó por el diálogo, que agotó la paciencia y hoy dice sin rodeos que la realidad ya no aguanta discursos triunfalistas. Porque cuando el gobierno insiste en vender éxito mientras la economía local se cae a pedazos, el problema no es la crítica, el problema es la negación…

No llegaron ni a cien personas. Ni a cien. Pero eso sí, defendiendo lo indefendible con la solemnidad de quien cree que la épica se mide por consignas y no por convocatoria. Militantes de MORENA en Sinaloa y algunas organizaciones satélite salieron a “defender la soberanía nacional”, aunque la soberanía, al parecer, no alcanzó para llenar ni una banqueta. La protesta contra las supuestas amenazas de intervención de Estados Unidos terminó siendo un acto íntimo, casi familiar. Más que manifestación, parecía reunión de comité con megáfono prestado. Aun así, hablaron de unidad nacional, de paz y de dignidad histórica, como si el eco de sus propias voces bastara para representar a todo México. Bautizaron el evento como “Jornada en Defensa de la Soberanía Nacional”, aunque por la asistencia parecía más bien una jornada de introspección partidista. Dijeron que era un espacio de reflexión, y sí: reflexionaron solos. Dijeron que el pueblo organizado protege el futuro del país, pero el pueblo -ese que tanto invocan- no se presentó. Entre consignas recicladas y discursos grandilocuentes, expresaron su respaldo “firme y decidido” a la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Tan firme y tan decidido que apenas reunió a un puñado de sus pocos leales que les quedan. Porque una cosa es apoyar desde el micrófono y otra muy distinta es lograr que la gente salga de su casa un fin de semana. La ironía es brutal: hablan del pueblo como protagonista, pero el protagonista no acudió al llamado. La soberanía no se negocia, dicen, pero la credibilidad sí se desgasta cuando el músculo social resulta ser puro discurso. Y para cerrar con realismo callejero -ese que no aparece en los boletines-, hay que decirlo sin rodeos: junta más gente un perro atropellado que los propios morenistas. Vaya que duele, pero esto explica muchísimo. Porque cuando la defensa de la patria no convoca ni a los convencidos, el problema no es el imperialismo, ni Trump, ni Estados Unidos. El problema es que el relato ya no moviliza, y el pueblo ya no aplaude funciones huecas y vacías…

En Sinaloa ya no hay campañas adelantadas, hay campañas madrugadoras, de esas que llegan a tu casa antes que el recibo del agua. La senadora Imelda Castro Castro parece haber descubierto una grieta mágica en el calendario electoral: no pide el voto, pero se presenta como si ya lo hubiera cobrado. Los volantes no “invitan”, no “informan”, no “dialogan”: se cuelan. Llegan a colonias de Culiacán y de Guamúchil como visita incómoda que no toca el timbre, pero deja su foto en la sala. No es campaña, dicen; es “cercanía con la gente”. Una cercanía tan espontánea que necesita papel, logística y distribución casa por casa, pura casualidad, por supuesto. Los especialistas lo llaman promoción personalizada. El ciudadano lo llama ventaja indebida. Y el político lo llama “no pasa nada”. Porque en la nueva ética electoral, mientras no se diga explícitamente “vota por mí”, todo lo demás cuenta como acto de buena fe. La ley se respeta, sí, pero con maña. El INE y el Tribunal Electoral ya han advertido que estas prácticas rompen la equidad en la contienda. Pero advertir en México es como poner un letrero de “no robar” en una caja fuerte abierta: decorativo, simbólico y profundamente ignorado. Aquí la ley no se viola, se rodea. Y lo más elocuente es el silencio. Ni la senadora aclara, ni la autoridad responde. El mutis es estratégico: cuando el ruido beneficia, se sonríe; cuando incómoda, se calla. Total, el calendario electoral es flexible, si tienes poder, estructura y memoria selectiva. En Sinaloa, la política ya no se mide por tiempos legales, sino por quién se adelanta más sin que lo cachen. Y mientras el ciudadano se pregunta si esto es legal, el sistema le responde con un volante y una foto bien iluminada de la flamante Senadora Imelda Castro. Porque aquí no hay actos anticipados de campaña, hay actos anticipadamente impunes…

Sin Redundar y diciendo las cosas tal y como son. Suyos los comentarios estimados lectores…

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